Las sesiones no tienen una duración determinada, es un trabajo que se renueva sesión a sesión, y por eso el tiempo cronológico no es el que marca la finalización de las mismas.
El corte o finalización de la sesión cobra un sentido lógico y terapéutico cuando se desliga del reloj, ya que con ese corte se pretende indicar un punto importante del decir del paciente, que de otro modo quedaría apilado entre otros dichos, dejando pasar un efecto de relieve que podría ser importante.
No obstante, podría indicar una duración temporal de entre 20 minutos y una hora.
En relación a la duración del tratamiento, tomo una cita de Freud como primera indicación “Contestamos, pues, al paciente como Esopo al caminante que le preguntaba cuánto tardaría en llegar al final de su viaje: esto es, invitándole a echar a andar, y le explicamos tal respuesta alegando que antes de poder determinar el tiempo que habrá de emplear en llegar a la meta necesitamos conocer su paso”.
El trabajo analítico toma un tiempo, basándose en la prudencia y en la ética, por lo que exige a su vez un esfuerzo considerable del lado del paciente. Por eso son importantes los primeros encuentros, en los que realizaremos el encuadre sobre el tratamiento y veremos si es adecuado iniciarlo.
Una vez iniciado, y cuando cierto malestar sintomático haya cesado, puede convenirse la finalización del trabajo terapéutico.