En la época actual, la individualidad prima pero a su vez las condiciones de vida hacen más difícil tener un bienestar digno y estable. Sin embargo, en este ambiente de precariedad, el discurso imperante es el de la hiperproductividad y la inmediatez, que pone al sujeto (sin tener en cuenta sus circunstancias) ante el reto nunca satisfecho de producir y consumir sin cesar.
Uno de los aspectos más llamativos de la época que habitamos es la ausencia de preguntas sobre lo que nos ocurre. Sin embargo, hay invasión de respuestas en forma de soluciones del mercado, ya sean objetos de consumo o supuestas recetas ideales para ser feliz, ya sea mediante libros de autoayuda, youtubers, influencers o gurús. Parece que la cosa es no dar tiempo a la pregunta e inundar con respuestas que sitúen a la persona que no las “compre” como alguien problemático, con poca autoestima, como una suerte de desterrado de una felicidad prometida.
Este movimiento incesante, de respuestas inmediatas que generan malestar subjetivo, es propicio para los tropiezos, para lo que no funciona y nos extraña, para lo que, por más que nos entreguemos al esfuerzo y a las soluciones “apropiadas”, no anda.
Pero entre todo este mar de objetos, soluciones, recetas… las palabras, los síntomas, el amor y las diferencias siguen haciéndose un pequeño hueco.
Ahí, y solo ahí, es donde quizás, una persona puede encontrar la salida a la repetición en las que muchas veces nos vemos sumidos, sin lograr desentrañar qué nos implica en ella.
Ahí está el inconsciente, como la distancia que existe entre nuestros actos y la comprensión del sentido que tienen (Gustavo Dessal). Desde luego hay algo de azar en la vida que nos toca a cada uno, pero ante esas marcas, esas cartas que uno tiene, uno puede preguntarse qué hizo con ellas, o seguir jugando un tanto a ciegas.
Es en esos momentos de malestar significativo que uno puede verse en la tesitura de consultar con un profesional que le ayude. En esa pausa que implica el ponerse hablar de lo que a uno le pasa con otra persona, es importante del otro lado una escucha activa, libre de prejuicios y que permita al paciente reflexionar sobre lo que le sucede.