¿Cuánto duran las sesiones? ¿Y el tratamiento?

Las sesiones no tienen una duración determinada, es un trabajo que se renueva sesión a sesión, y por eso el tiempo cronológico no es el que marca la finalización de las mismas.

El corte o finalización de la sesión cobra un sentido lógico y terapéutico cuando se desliga del reloj, ya que con ese corte se pretende indicar un punto importante del decir del paciente, que de otro modo quedaría apilado entre otros dichos, dejando pasar un efecto de relieve que podría ser importante.
No obstante, podría indicar una duración temporal de entre 20 minutos y una hora.

En relación a la duración del tratamiento, tomo una cita de Freud como primera indicación “Contestamos, pues, al paciente como Esopo al caminante que le preguntaba cuánto tardaría en llegar al final de su viaje: esto es, invitándole a echar a andar, y le explicamos tal respuesta alegando que antes de poder determinar el tiempo que habrá de emplear en llegar a la meta necesitamos conocer su paso”.

El trabajo analítico toma un tiempo, basándose en la prudencia y en la ética, por lo que exige a su vez un esfuerzo considerable del lado del paciente. Por eso son importantes los primeros encuentros, en los que realizaremos el encuadre sobre el tratamiento y veremos si es adecuado iniciarlo.

Una vez iniciado, y cuando cierto malestar sintomático haya cesado, puede convenirse la finalización del trabajo terapéutico. 

¿Qué precio tienen?

Las sesiones no tienen un precio fijado por el mercado, sino que depende de la particularidad de las situación y subjetividad de cada uno. Teniendo en cuenta esto pactaremos uno honorarios significativos pero que no sean un impedimento para la continuación del tratamiento siempre que haya deseo de ello.

¿Cómo de grave tiene que ser lo que me pase para acudir?

Algo que puede parecer una nimiedad para una persona, puede ser una catástrofe subjetiva para otra, por lo que, si sientes que necesitas ayuda, o hablar sobre lo que te sucede, es más que conveniente acudir a un psicólogo.

¿Tengo que contar todo?

Es el paciente quien decide a este respecto. Por su puesto, en especial en las primeras entrevistas, yo te hare preguntas para poder contextualizar tu malestar. Seguiré el ritmo de tu decir en lo que a preguntas se refiere, ya que sé que hay instantes vividos que son complicados y dolorosos de poner en palabras.

Intentare ofrecerte un espacio de escucha con la prudencia necesaria para no dañar, pero con el deseo de análisis necesario para no estancarnos.

¿Si no has pasado por lo mismo que yo, cómo me vas a entender?

Precisamente por eso, no cometeré la imprudencia de entenderte y dar por hecho algunas cosas. Tratare de escucharte con detalle, intentando que con el trabajo analítico se pueda arrojar algo de luz a los enigmas que vayan surgiendo.

¿Me va a servir, a ser útil? ¿Tendré herramientas para eliminar el malestar?

En este sentido prefiero ser claro, la psique humana es compleja, con las ventajas e inconvenientes que esto conlleva. No estamos a merced de los instintos como los animales (ni contamos con la guía inequívoca que el instinto parece darles), ni somos máquinas que funcionemos con un comando o función.

Si uno echa un vistazo a su vida puede resultarle sencillo encontrar episodios en los que hemos mantenido, incluso buscado situaciones que nos hacían daño y sin embargo no hemos podido abandonar y hemos acabado repitiendo.

Por ello, no puedo prometer herramientas rápidas y estandarizadas, pero sí puedo ofrecer un espacio de trabajo en el que uno puede llegar a estar advertido de cómo se posiciona y le concierne su sufrimiento, y así poder reducir de algún modo el malestar.

¿De qué tratan las sesiones?

El método y orientación que sigo es el psicoanálisis, esto se podría resumir de forma sencilla en qué creo en la importancia y peso de las palabras, cómo las entendemos, y como nos marcan. Digamos que el material de trabajo con el que contamos son las palabras sobre lo que nos sucede, el discurso, y como tal lo tomamos para desentrañar los malestares que denomina.

Hay un saber no sabido en aquello que hablamos, que normalmente queda camuflado, como a resguardo de la conciencia. Sin embargo, cuando uno habla, siguiendo la indicación de asociar libremente los pensamientos que vayan apareciendo, puede sorprenderse de lo dicho, porque siempre se dice algo más o algo menos de lo que se quiere decir. Es en ese punto donde el psicólogo psicoanalista puede señalar algunas partes de su discurso, y la posición que toma ante las mismas. “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha” (Lacan)

En el hiato entre las determinaciones y la causa, ahí se encuentra el sujeto (E. Berenguer)

Tal como Freud indicó:

“Una cosa todavía, antes que usted comience. En un aspecto su relato tiene que diferenciarse de una conversación ordinaria. Mientras que en esta usted procura mantener el hilo de la trama mientras expone, y rechaza todas las ocurrencias perturbadoras y pensamientos colaterales, a fin de no irse por las ramas, como suele decirse, aquí debe proceder de otro modo. Usted observará que en el curso de su relato le acudirán pensamientos diversos que preferiría rechazar con ciertas objeciones críticas. Tendrá la tentación de decir: esto o esto otro no viene al caso, o no tiene ninguna importancia, o es disparatado y por ende no hace falta decirlo. Nunca ceda usted a esa crítica; dígalo a pesar de ella, y aun justamente por haber registrado una repugnancia a hacerlo. Más adelante sabrá y comprenderá usted la razón de este precepto —el único, en verdad, a que debe obedecer-—. Diga, pues, todo cuanto se le pase por la mente. Compórtese como lo haría, por ejemplo, un viajero sentado en el tren del lado de la ventanilla que describiera para su vecino del pasillo cómo cambia el paisaje ante su vista. Por último, no olvide nunca que ha prometido absoluta sinceridad, y nunca omita algo so pretexto de que por alguna razón le resulta desagradable comunicarlo.” La iniciación del tratamiento – 1913